Nuestras piernas entrelazadas,
te hice el amor hasta llegar al alma,
como una reconciliación a la que esperaba.
Sabías tanto a libertad,
que juraría que cien millones de pájaros 
nos sostenían
en el aire que respirábamos.
Te hice el amor hasta que sudamos todas nuestras ganas.
Y joder, que bien sabía mi nombre en tu boca,
como si escucharlo ya fuese pecado.
Quería que tocases las nubes  
y te parases a mirar
hasta dónde habías llegado, 
para que de una vez
te vieses ahí arriba tan grande, 
tan alto
como yo te veía.
No entiendo de a cuánta altura estábamos
pero por primera vez no tuve vértigo.
Solamente disfrutábamos
de poder volver a besarnos
y mi piel hizo de sábana.
En un suspiro exhalaste un te quiero
que yo apresé 
como se agarra uno a un clavo ardiendo.
Pero todo fue tan solo un sueño.

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Poema perdedor

Sabes qué? - Sigo buscándote. Por qué - Te fuiste? - Qué te llevaste?