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Mostrando entradas de junio, 2014

Eres el verbo ser en todos los tiempos, y yo que pensaba que eran todos pasados.

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Se me ha dado por recordarte otra vez, y traerte del pasado para hacerte presente en este acto estúpido. Verás, a veces me siento perdida sobre lo que fuiste, eres o serás. Eres el laberinto del que aún no conseguí salir. Eres el meteorito que calló derribando toda corteza o capa superficial que me proteja. Eres mi Pepito grillo sin darte cuenta de que te llevo sobre los hombros y  si, eres esa maldita insignificancia que no es consciente de todo lo que pesa porque en el fondo la conciencia es una de las cosas que más te aplasta. Eres un cuarto de mi yo porque cuando te fuiste te llevaste un pedazo. Eres un “y si”, un condicional constante. Eres musa en nuestra condición póstuma. Eres el verde que más esperanzas me quitó. Eres mi primer beso, mi primer sexo, mi primer amor. Eres mi ni punto de comparación. Eres la espina que te clavas cuando pensabas que las habías quitado todas después de atreverte a rociar tu piel con el perfume de la flor más hermo...
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Nuestras piernas entrelazadas, te hice el amor hasta llegar al alma, como una reconciliación a la que esperaba. Sabías tanto a libertad, que juraría que cien millones de pájaros  nos sostenían en el aire que respirábamos. Te hice el amor hasta que sudamos todas nuestras ganas. Y joder, que bien sabía mi nombre en tu boca, como si escucharlo ya fuese pecado. Quería que tocases las nubes   y te parases a mirar hasta dónde habías llegado,  para que de una vez te vieses ahí arriba tan grande,  tan alto como yo te veía. No entiendo de a cuánta altura estábamos pero por primera vez no tuve vértigo. Solamente disfrutábamos de poder volver a besarnos y mi piel hizo de sábana. En un suspiro exhalaste un te quiero que yo apresé  como se agarra uno a un clavo ardiendo. Pero todo fue tan solo un sueño.