How well you used to know how to shine
Las semanas, los meses, los años, se convierten en una serie de días en los que consecutivamente te vas dando cuenta, cuando tu realidad te deja, de que no va a ser como querías. A veces tendrás momentos de esperanza en los que creas, pero solo será porque te has dejado las ganas atrás y las has vuelto a sentir cerca en ese estado de somnolencia. Las coges y las usas para aquella cosa políticamente correcta sobre la que se va a basar tu vida. Basura. Pseudofelicidad. Pseudometa. Que está bien, que te gusta. Que también cuesta. Que también es victoria. Pero no es. No es eso. Admite que no lo estás intentando. La culpa es tuya. Te estás quedando atrás. Detrás de excusas. Eso es lo que te asusta. Eso es lo que hace que te entre el miedo. Y dejas las ganas hasta que vuelvas a creer que puedes con todo el peso de estas. No vas a domesticarte. No puedes autodomesticarte. Te debates entre la valentía de crear tu propia oportunidad. Para eso también hay que valer. Doble o nada. La apuesta no ...