Ausencia.
Como si todos los sentimientos se hubiesen mudado de corazón. Ausencia
de pasión, de cualquier atisbo de emoción.
Ausencia reflejada
en una mirada vacía,
Una mirada que
recorre líneas de baldosas,
Mientras las
piernas sólo dibujan curvas,
Porque mirar a los
lugares a donde siempre miraba ahora no servía de nada,
Porque volvería a
haber ausencia.
Si se alzaba un
instante era para observar más líneas, circunscritas por raíles, dirigidos a un
atractivo infinito.
Y marcharse,
lejos, muy lejos y escapar. A veces también se viaja con las personas. Quizás
tú me enseñes a olvidar.
La trayectoria de los pies comenzaba a desafiar a la de mi mirada. Qué era todo
aquello que sobresaltaba a la monotonía diaria. Música.
Adorable medicina.
Jodida necesaria medicina. Base de cualquier terapia que se precie, con base en
los pies, soporte de toda esta pesada carga. Capaces de aligerar cualquier
sentimiento, por toneladas que pese. Hacedle el amor al suelo con los pies,
hacedle el amor al aire con las manos.
Música y danza,
amantes secretas de la monotonía de esta efímera bailarina. No me abandonéis
nunca.
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