He perdido la
cuenta de cuántas canciones me han hablado de ti esta mañana
pero es que esta
noche,
has sido como ese
cartel de silencio
que lo único que
provoca es ruido al leerlo
como si mi cabeza
estuviese en hora punta
y empieza
el bucle
y empieza
el bucle
y empieza
el bucle
y no termina de
repetirse la imagen como un déjà vu
cada vez una
tonalidad más aguda
cada vez yo una
tonalidad más grave.
Voy a deshacer
cada uno de tus nudillos
entre las palmas
de mis manos
y voy a besarlos
uno por uno
hasta que se
curen de todo lo que te aplasta.
Quiero volverme
un trapecista de tu sombra
porque nunca he
sentido tanto equilibrio en las alturas
que me prestas
ni tanto vértigo
pisando el suelo
pero es que
estamos andando a paso acompasado
y sigo notando
las penas levitar.
Me dan igual
todas las horas que le llevamos de ventaja al sol
las estoy
recuperando todas cuando me mantienes fija la mirada.
Estoy pensando en
volcar todo ese mar de pupilas
para que te
quedes sin lágrimas
y recubrirte los
dientes con mis yemas
para que dejes de
morderte la conciencia.
Voy a rodear con
burbujas y cinta aislante
tus vísceras para
que dejen de
retorcerte por dentro
y sientas así la
misma suavidad
que siento yo
cuando me
acaricias el pelo.
Tus coordenadas
son mis números de la suerte
así que déjame no
perderte de vista.
Abrázame para
curarme la claustrofobia.
Tengo un hábitat
de madera y hojas
en el palco que
construyen tus brazos en mi espalda
y no es que
quiera quedarme
es que no quiero irme nunca.
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