y déjame admirarte
mientras me llevas a ninguna parte
a salvarme.
Otra vez.
Si, otra vez
porque me
salvaste y tú aún no lo sabes.
Coge el coche
y canta esa
canción como si yo no estuviese delante.
Coge el coche
como si de verdad
tuvieses ganas de bailar
y ganarle en
rapidez a la noche
y verla despertar
como si toda la
luz nos enfocara
a nosotras en vez
de a la carretera.
Coge el coche
y haz que le
pierda el miedo al camino
porque voy
contigo.
Coge el coche
y llévame a todos
los rincones que te han hecho pensar.
Coge el coche
como si quisieras
enseñarme a ti por dentro llevándome a ellos.
Coge el coche
como si
conduciendo dejásemos el mundo atrás
como si de verdad
la dirección obligatoria fuese ascendente y hacia adelante.
Coge el coche
como si dejarme
en casa fuese quedarme ahí.
Coge el coche
y da un rodeo
como si no quisiésemos
llegar.
Coge tú el coche
porque si lo cojo yo
no te dejaré
bajar
echaré el
pestillo de seguridad
para que de
verdad no te vayas
como si mi
seguridad real dependiese de ti.
Qué egoísta que
seas mi airbag.
Coge tú el coche
porque si lo cojo yo
sólo me fijare en
la dirección de tus patas de gallo al sonreír
y entonces sí nos
mataremos en la curva más bonita.
Y ahora sí
gracias por coger
el coche
después de este
poema accidentado como si el incidente más grave ocurrido
es que quizás se nos ha hecho más tarde de lo esperado.

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