Caída libre.


Me encuentro desarmada
y me paraliza el miedo.
Me aterroriza
que le hayas dado color a la estación
porque en mi mente sé
que todo eso acabará de repente
cuando me encuentre
con la realidad de frente.
Cuando arriesgas todo y caes,
luego ya no puedes.
Tienes vértigo y te vuelves
cobarde.
Esta vez el acantilado
se ha disfrazado
de esperanza
y yo ya he caído.
Tenía unas vistas preciosas
creaba, mariposas
en el estómago
y tanta luz,
que no pude ver la altura a la que estaba.

Mi corazón ya no está para hacer caída libre, y esta vez no hay cuerda de seguridad, así que no voy a lanzarme al maldito y atractivo abismo.

Y joder,
yo quería.
Quería perderme ahí
quería el subidón de la caída
quería el aire a toda velocidad
Llenándome el alma vacía.
Quería gritar contigo al caer
para que aquel
fuese el lugar “donde solíamos gritar”.
Quería que me vieses ahí arriba
valiente.
Pero ser valiente a veces,
sí es cuestión de suerte.
No la he tenido,
Y el miedo ahora es demasiado fuerte.

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