Skinny love.
Se quiebra y se vuelve.
Sientes que tu "yo" ahora, es un conjunto de cosas que odiabas sobre ti, que afloran. Ni tú misma te soportas, te consumes. Es tal el grado de autodestrucción y desesperación que tu persona interna y externa torna en un valor negativo.
Como si toda tú fueses una deuda infinita, y le rindieras cuentas a tu corazón, a tu cabeza y a todo tu cuerpo.
Una deuda de caricias, de besos y abrazos, de sonrisas aproximándose y belleza propia reflejada en la mirada de otra persona.
Un exceso de decepción y soledad.
No existía el consuelo en ninguna otra persona.
No
hay
consuelo.
No lo hay.
Vivo desesperada buscando entre mis pequeños pedazos de vida, pero parece que ni con ellos conmigo ahora, mi vida es vida.
Y, lo siento, mucho.
Siento poco lleno el corazón aunque vosotros esteis detrás en algunos momentos enderezándome la espalda, levantándome la cabeza.
Y si ahora, vuelven las patas de gallo que muestran tu felicidad, a mi se me arruga el alma con recuerdos de cuando yo te hacía feliz.
Se centrifugan aquí dentro, la amargura del presente y la calidez de tus palabras, tan necesarias, pero tan peligrosas. Porque rompen, y yo no quiero más pedazos, que luego el puzzle es imposible de recomponer.
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